Pacha y Caminos

Las interacciones del fuego

Los incendios se provocan y también suceden de manera natural. Se controlan, se dejan a merced. Lo cierto es que ocurren y en gran parte de los casos se llevan puesto sistemas enteros de vida: en los campos, en las islas y en las ciudades, en las sierras y en el llano.

Foto: Pixels

Salgo a la terraza, a unos 600 metros una línea de fuego consume pastos y basura. Estamos en la periferia este, aunque no al límite. Al cabo de un rato se escucha la sirena de los bomberos, asumo que acuden al llamado de un vecino harto del humo. Efectivamente, desde casa ya no se ve fuego.

Vamos de travesía en kayak, somos 7. Subimos por el río unos 13 kilómetros hasta El Boquerón, lo pasamos, seguimos hasta encontrar una ranchada. Entre tanto paleo no divisábamos lugar para acampar, las barrancas altas por la bajante histórica lo impedían, pero también la quemazón: largos kilómetros negros teñidos por el fuego. Todavía podían advertirse columnas de humo saliendo de adentro, como si hubiera, estratégicamente, un circuito interconectado de comunicación entre las islas.

Foto: Diego Planisich

Vuelvo a Avellaneda, en el norte santafesino, después de pasar la noche entre los cauces que llevan al río Paraná. Hay fuego en las banquinas; más adentro, donde suelen pastar los animales, el humo trepa de varios focos. Pueden verse hombres a caballos tratando de controlar o alimentar las llamaradas. Atravieso Reconquista. Las metrópolis del norte arden a lo lejos, el aire gris llega a sus calles.

En la tele local un productor pide la intervención de la justicia. Desde la imagen satelital que muestra uno de los portales de noticias se divisan los focos: son puntos rojos distribuidos geométricamente parejos, en cuadrícula. Es extraño pensar en la exactitud con la que puede expresarse la naturaleza en tiempos de sequía, en medio de la nada.

Foto: Vladyslav Dukhin en Pexels

El control de malezas, desde tiempos inmemoriales, se ha llevado a delante mediante el uso controlado del fuego. La utilización de los llamados cortafuegos significa establecer un perímetro de acción, limitándose con el arado de la tierra una franja de 20 metros aproximadamente, para que la combustión no avance. Así mismo, un artículo publicado en “INTA Informa” el 13 de noviembre de 2017 indica: “Los especialistas coinciden en la importancia de mantener alambrados, cortafuegos, picadas e instalaciones libres de vegetación, con arado o rastra de discos en una franja de ocho metros a cada lado del alambrado en los potreros con vegetación baja y de 20 metros en los campos con monte”. Esta práctica, si bien está penada en la provincia de Santa Fe por la ley provincial 11872/2000 (Prohibición de desmalezamiento por quema y quema de basurales a cielo abierto), se sigue realizando en lugares inhóspitos o en aquellos donde se hace la vista gorda.

¿Cuál es el impacto negativo? Hay varios frentes vulnerables: la salud humana, el cambio climático, el medio ambiente (pérdida de biodiversidad y destrucción de hábitat, vegetación, suelo, animales silvestres) y la producción (pérdida de ganado, suelos y pastizales).

Inhalar humo no es saludable, puede saberlo cualquiera que haya prendido fuego para un asado en el patio de su casa. El cuerpo se contamina, se asfixia con monóxido, se intoxica con cualquier producto químico que pueda formar parte de la combustión. El sistema respiratorio se daña. Demás estaría decir sobre las quemaduras, sobre las lastimaduras que pueden producir las llamas ante cualquiera que pueda ser alcanzado, ya sea porque fue sorprendido o está combatiendo la desgracia. El fuego está entre nosotros, ya no pertenece a las islas, a los montes, éste se mueve cercándonos cada vez más.

Volvimos a las islas; somos algunos más. Esta vez fuimos más lejos aunque por el mismo trayecto. Hay algunos centímetros más de altura desde la última travesía. Avanzados en kilómetros. Salen a nuestro encuentro, de ambos márgenes, por un lado el sonido de los monos aulladores, los Carayá, como si el viento tuviera una voz áspera y potente que, de tanto fumar, ese grito se oyera sufrido y enojado, y por el otro el humo, más humo, columnas enclenques cayendo sobre el cauce, pegándonos de lleno en los ojos y en los pulmones.

No tengo señal, estamos en medio de la nada, del Jaaukanigás, de este humedal que se supone protegido. ¿Protegido por quién, de quién, de qué?

Donde también impactan de manera considerable los incendios es en la variación del sistema climático de la tierra, es decir, en el cambio climático. Si bien se conoce que este cambio se produce desde que existe el planeta, debido a la interacción de los distintos componentes naturales del sistema, como son las erupciones volcánicas, las radiaciones solares, meteoritos, procesos bióticos, entre otros, el actual cambio se denomina cambio climático antropogénico. Este está directamente relacionado a las altas emisiones industriales proveniente de la quema de combustibles fósiles. Y a esto último hay que sumarle, como si fueran poco, las emisiones procedentes de incendios forestales y de pasturas. En resumen, por el acto directo del ser humano. Dice Naciones Unidas en su portal en relación a la emisión de los gases de efecto invernadero: “Después de más de un siglo y medio de industrialización, deforestación y agricultura a gran escala, las cantidades de gases de efecto invernadero en la atmósfera se han incrementado en niveles nunca antes visto en tres millones de años.”

Foto: SANDY HUFFAKER / AFP

Hay fuego en varias provincias. Las llamas, sin apenas conformarse con las islas, ya han rodeado pueblos y ciudades. El ataque a la biodiversidad en parte del territorio nacional se ha cobrado mucho y lo sigue haciendo. Especies animales y vegetales se han visto arrasadas. Se puede observar cómo ejemplares de las distintas especies huyen a lugares que no le son propios para salvar su vida. Hay cambios que se están produciendo a fuerza de ignorancia y malicia, considerando que la diversidad biológica se destaca por sus millones de años de evolución e interacción y procesos naturales.

Foto: Wikimedia Commons

Un aguará guazú aparece en los fondos de un pueblo de la Cuña Boscosa, en el gran chaco santafesino. Un lobizón, habrían dicho en otros tiempos algunos relatos criollos de la zona. Este cachorro, apenas destetado y con casi todos sus dientes de leche, es un niño que huye del fuego. Lo encontraron tirado, jadeante y sin fuerzas. ¿Dónde estará su madre? ¿Quién huye del fuego si no es por el dolor? Una veterinaria lo atiende en Avellaneda; junto a ella, alrededor de 30 voces hacen sus aportes desde distintos lugares del mundo para salvar al cánido. Para Katy es su primera vez con la especie, para él también. Hubo un momento, en esos breves e intensos días, en que hasta llegó a pararse pero no soportó su peso, su animalidad. Finalmente, el cuerpo, fue secuestrado por las autoridades para estudios en la ciudad capital. Este “zorro grande”, que mitológicamente para algunos pueblos originarios es un ser protector y padre de todos los perros, ni siquiera echará su último sueño en los matorrales quemados de su tierra.

Quien también sufre el impacto de las interacciones del fuego es el sistema productivo. Se pudo advertir últimamente la cantidad de cabezas de ganado que fueron alcanzadas por las quemas. Primero el humo, asfixia y derriba cuanto animal se encuentre pastando y no tiene a dónde huir. Después la combustión hace lo suyo, deja negros los cuerpos desparramados a su paso. Y el suelo, el suelo que cambia, que también muere de alguna forma. Los incendios no solo matan, destruyen y desaparecen vidas que pueden verse, lo hacen de igual manera con organismos y microorganismos que trabajan en la generación de nutrientes, que renuevan las tierras para hacerlas favorables para la siembra. La materia orgánica necesita de éstos para ser transformada y ser parte vital de un suelo aprovechable.

En Punta del Agua, un paraje al otro lado de las sierras chicas, cerca de Carlos Paz, Lucho alimenta a los pájaros que abandonan sus lugares por las llamas y el humo. El fuego, que llegó a unos tres kilómetros, le daba una cresta flameante al más cercano de los cerros que podía ver desde su casa. Lucho, junto a Ceci, viven en una zona rural con toda una historia de probabilidades encima: a unos metros de ellos, un viejo árbol yace de pie, negro, como un tótem abandonado. El resto de maíz que junta de los campos de sus vecinos después de las cosechas, para sus gallinas, y huesos de pollo que carnicerías de la ciudad le juntan, van a parar junto a los árboles que aún permanecen a salvo. Palomas, caranchos, chimangos, águilas y ojotes revolotean como en una danza de agradecimiento. Este casero, herrero y fotógrafo, vive entre el llano y los cerros, tiene loros, 20 perros, 10 gatos y una bandada de amigos que sabrán volver cuando haga falta.

Foto: Luis Chavez

¿Cuáles son las causas por las cuáles se producen estos incendios? Una de ellas son los cambios climáticos: las sequías por ejemplo, por ende vegetación propensa a la ignición accidental, también la bajante de ríos y cauces significativos, que dejan expuestas más superficies vulnerables. Otra causa es la ganadería, para la cual se incendian grandes superficies de campos, de pastura seca, para que la misma reverdezca y brinde alimento a los animales criados con esta forma de alimentación. Para esta práctica, como se indicó al principio, se realizan cortafuegos, pero muchas veces es evidente que este manejo es totalmente irresponsable, causando así el avance descontrolado de las llamas. Por último podría mencionar como causa el factor productivo, donde para ganar superficies limpias, ya sea para la ganadería (corrales de feedlots), para la agricultura, proyectos inmobiliarios y, en algunos casos, para el uso forestal (plantación de árboles de rápido crecimiento para la obtención de madera), se incendia ante cualquier otro método alternativo y sostenible.

“¿Cómo transcurrir sin provocar desastres?” Me dispara un amigo, quien pasa sus días como investigador de una de las tantas entidades oficiales que no sabemos muy bien, hasta ahora, a favor de qué o de quién están. “¿Cuán sustentables son las acciones, cada intervención del ser humano en la naturaleza, en el medio? Cualquier acción del hombre ya altera el medio, no existe el medio no alterado”, concluye. El audio de Whatsapp continúa. Son varios. La reflexión va por ahí, decimos finalmente.

Foto: Matthis Volquards en Pexels

Aun no he visto un aguará corriendo en zonas urbanas, no he escuchado sus vocalizaciones lastimeras como pidiendo piedad. No he visto más que aves migratorias surcar el aire, posarse en los árboles para soltar sus cantos crepusculares. Aun no he visto cientos de especies fuera de sus lugares y espero seguir así, no verlas más que en sus hábitat de desarrollo. Es tiempo de que el fuego se encienda pero dentro de nosotros, de elaborar estrategias de convivencia y no campañas del desierto. Difícilmente no alteraremos el medio en que vivimos, pero empezar por parar la pelota, para decirlo en términos futbolísticos, mirar a nuestro alrededor y ver cómo estamos parados, hará que podamos definir mejor la jugada y en beneficio de un mismo equipo.

Las interacciones de fuego seguirán definiendo la historia, aunque sobre esto, será el viento de lucha el que dé vuelta las hojas de los libros que lleguemos a escribir. Al decir de Eduardo Galeano: “No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores”. Claro, ojalá estuviéramos hablando de ese tipo de fuegos, pero lo cierto es que lo que brilla desde las alturas no somos nosotros. Al menos no son nuestras buenas acciones para con el medio en que vivimos.

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