Connect with us
V&E - Orfebre

Pacha y Caminos

Platería criolla, un oficio ancestral que se mantiene vivo

Con los cinceles entre los dedos, el crisol, la laminadora y la granalla sobre el mesón del taller, el oro y la plata se transforman. Después, el fuego abrazador de los sopletes, el lacre, la fuerza de pequeños golpes y las manos creadoras. El encuentro de la obra con la experiencia. Así trabaja Lautaro Colacelli, uno de los orfebres más prestigiosos del país.

En la talabartería de la Calle 6 hay productos de campo para turistas y todo el mercado de La Plata. Hay cueros, maderas y metales. Es un adolescente de diecisiete años quien, todas las tardes al salir del colegio, ayuda a pulirlos y embellecerlos a cambio de algunos pesos. Con resinas entre los dedos, metales sobre la mesa del taller, laminadoras que aplastan y moldean, el calor de los sopletes y a la fuerza de pequeños golpes, Lautaro Colacelli trabaja al cuidado de materiales preciosos.

Una tarde, antes de terminar su entrega del día, Lautaro fue invitado a la presentación del olavarriense Armando Ferreira, uno de los propulsores de la platería en Argentina. La visita pudo quedar en la simple anécdota de un joven que asiste a una exhibición por trabajo, pero ese fue -quizás- el día en que empezó a construirse como orfebre.

Ese adolescente es observador y curioso: quiere conocer. En las obras ve un modo de trabajo diferente al suyo. Se compara. Pregunta. Busca las manos que hicieron eso posible. Días después, habla con el discípulo y asistente del maestro, Fernando Rivarola, quien lo introduce en las pequeñas ciudades que habita ese arte. A Lautaro le gustan las pequeñas ciudades, con sus estilos, costumbres y lenguajes.

V&E - Artesano Orfebre

Foto: Google

Nació en Lomas de Zamora y creció en Ranelagh, partido de Berazategui. Después de terminar la secundaria, se recibió de Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires y trabajó como docente. Desde la adolescencia tiene la libertad de elegir lo que quiere, suelto de imposiciones familiares. Sabe que cada uno tiene una estrategia diferente, pero para él, la platería es un modo de vida.

“No es nada fácil vivir de la platería. La gente no tiene un nivel adquisitivo alto para comprar piezas y, culturalmente, se pierde un poco. Una hebilla de cinturón cuesta menos que un celular y te queda para toda tu vida y la de tus hijos, pero el cambio cultural es inevitable y tengo que luchar con eso”, reflexiona.

V&E - Hebilla

Foto: Lautaro Colacelli

Lautaro ve, absorbe conocimientos y aprende, aprende todo el tiempo, se le nota en la leve sonrisa que asoma cuando recuerda a quienes lo iniciaron en el oficio. Sin embargo, todavía no sabe definir su amanecer como artista de la plata y el oro. Él dice que uno se forma y se mete en algo, hasta que te das cuenta que pasaron veinte años y la tarea la manejas con seguridad.

No es falsa humildad. Incluso le incomoda hablar de sus reconocimientos en exposiciones, como la que obtuvo en Colón, provincia de Entre Ríos, o la que le hizo el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, quien lo definió como el Mejor Artesano de la Provincia en 2006. Quiere esquivar el tema, rápido, prefiere hablar, por ejemplo, de las personas que conoce y los vínculos cercanos que genera. Viajar a Olavarría, la cuna de la platería, y que uno de sus maestros le diga: “quedate a dormir en casa”, es para él el mejor reconocimiento.

V&E - Cuchillo

Foto: Lautaro Colacelli

La orfebrería es un arte que le otorga valor a metales preciosos. Nace con la conformación de los primeros grupos sociales. La elaboración de piezas de cobre, bronce, plata y oro, al igual que la atracción humana por el adorno, las vasijas, las estatuas o collares, son parte de todas las culturas del mundo. En Argentina, el estilo que predomina es el mismo que le dio origen en el siglo XIX, el de Olavarría, una ciudad del interior de Buenos Aires. El formato es el tradicional, el criollo, el del gaucho, cargado de sombras, relieves y cincelado oscuro, oxidado, fuerte. La platería es un oficio de privilegio, pero a lo largo de la historia también tuvo su carácter de necesidad. Tener cuchillos en un hogar significaba tener valor sobre la mesa a la hora de comer.

Hoy Lautaro tiene 43 años y hace dos se mudó junto a sus hijos y su compañera a Esquel, al sur de la Argentina. Un hogar que le cedió Fernando Rivarola. “La persona que me presta la casa es mi maestro”, dice y sonríe con orgullo. Dicta clases allí, organiza y participa de asados y juntadas. Tiene distintos grupos de invitados, los alumnos del taller que están más cercanos o los artesanos de la zona. Recuerda a fondo todo Buenos Aires, la provincia que recorrió a lo largo de trece años como docente de platería en el Gobierno de la Provincia.

Ya lejos del calor del conurbano, moldea metales preciosos en su taller del sur. Es un espacio privado, íntimo. Dice que en su lugar de trabajo puede hacer muchas piezas pero no todas son creativas. La única forma en la que puede hacer algo artístico es con tranquilidad, música y mucho, mucho tiempo. En ocasiones, siente la obligación de frenar con la pesadez de la rutina y crear piezas propias para después hacer lo que otros le piden.

Está sentado frente a la mesa de su casa y habla de las diferentes prácticas del oficio. Desde sus comienzos, está particularmente intrigado por el grabado de águilas, uno de los diseños que más trabaja en sus figuras: “No sé por qué se usa, igual que la flor de lis. Viene de hace años, pero no sé cuál es el origen, por qué el águila se usa tanto. Tiene que ver con el dólar, viene de afuera.”

La platería olavarriense deviene del estilo europeo, de España y Francia. Él es fidedigno de su escuela. Los cardos, el ornato tradicional, el ornato barroco, los enjambres de hojas y flores cruzadas en un pedazo de plata son las formas que lo emocionan. Pero si algún cliente le pide piezas de estilo entrerriano, sin relieve, con cincelado de flor de agua, lo hace. Sobre todas las cosas, en su trabajo, espera nunca pecar de obsecuente.

V&E - Cuchillo

Foto: Lautaro Colacelli

Él, como asistente, es un minucioso espectador. Al enterarse que Fernando Rivarola se mudó a La Plata, tomó clases con él y durante años lo siguió por diferentes escuelas del sur del Gran Buenos Aires. Cuando su maestro decide mudarse a Esquel, Chubut, se convierte en el nuevo ayudante y discípulo directo de Armando Ferreira en Olavarría. Así, pasa dos años de su vida viajando tres días a la semana 366 km desde Berazategui hasta la ciudad de origen de la platería argentina. Su alegría estaba en ese lugar, en ir y volver y porque, claro, en las ciudades más chicas los maestros están dispuestos a saciar la curiosidad del aprendiz. Él pregunta, quiere saber, tomar lo mejor de ellos.

En sus relatos predomina el espacio familiar: “Siempre trabajo con buena gente. Desde mi entonces jefa, Mónica, que fue mi inicio y de quien tengo los mejores recuerdos, hasta Fernando que me da la información más técnica del oficio y bueno, Armando… Él es un abuelo para mí”.

Los orfebres no tienen sueldo fijo, obra social ni gremio. Lautaro está seguro que entrar en el oficio es un sálvese quien pueda, pero no se queda en eso. Todo lo que rodea al dinero en su arte no le importa mucho. Maravillado, cuenta que las obras tienen un valor más allá del material, que trascienden la vida de las personas. Para algunos, como los compradores coleccionistas, sus trabajos tienen un valor especial, artístico, cultural y emocional. Para otros, es una pérdida de dinero. Vender una pieza requiere de dos condiciones básicas: tener plata y entender la tarea para saber qué es lo que se compra. Las condiciones subjetivas y el gusto por las piezas de platería nunca se pierden. Lo ves en las ferias, las calles, en las respuestas que otras personas publican en sus redes sociales.

V&E - Platero

Foto: Google

Su hijo mayor calcula cuánto tiempo tarda en hacer un cuchillo en el taller. La fórmula es sencilla: las ganancias obtenidas sobre el tiempo trabajado. Para su hijo, el dinero es poco. Para él, su tiempo es otro, son momentos que no se miden con un celular ni con horarios de oficina. Dice que es un tiempo distinto, mágico.

Cincelar durante horas hace que la obra, después de un rato, ya no llame la atención. Despejar la mente y armar otras piezas antes de volver son tareas fundamentales para terminar un trabajo. Sus hijos adolescentes ven un dibujo grabado mecánicamente en un pedazo de material plateado, Lautaro ve dos manos cansadas que dan millones de golpecitos en un metal de lujo
.

Sabe de memoria las técnicas a utilizar, los tipos de chapas, el porcentaje de bronce que requiere el metal, pero igual se instruye de forma constante. Dice que los cambios tecnológicos que implica vivir del arte lo convirtieron en una mini PyME. No importa cambiar de ciudad cuando todo su trabajo se encuentra en internet.

En medio de tarjetas, sopletes abrasadores a temperaturas incontrolables, resinas entre los dedos y la convicción de que está ahí por una mezcla de horas de práctica y casualidades, reconstruye con nostalgia sus inicios en Olavarría y San Antonio de Areco. Habla de esas zonas como “una cosa medio rara” con el oficio y la cultura. La ciudad de Esquel no se dedicó a eso. No tuvo un Armando, ni un Rivarola. Hay artesanos que buscan aprender y adolescentes que todavía no entienden. “En Argentina hay cada vez más plateros y no creo que se pierda”, concluye. En los pueblos del sur aún no hay rastros de discípulos, solo él hace brillar y sonar los metales en su casa de Esquel, como a la espera de más manos que den nuevos lustres y quieran aprender.

Suscribirse

Si deseas recibir más noticias, puedes suscribirte a nuestro Newsletter.

Please enable the javascript to submit this form

Tendencias

Publicidad

Suscribirse

Si deseas recibir más noticias, puedes suscribirte a nuestro Newsletter.

Please enable the javascript to submit this form

Copyright © 2021 V&E - Vida & Estilo Magazine - GTG

Síguenos en
Suscribirse

Si deseas recibir más noticias, puedes suscribirte a nuestro Newsletter.