Connect with us

Cultura Urbana

Entrevista a Selva Almada

El paisaje del río, la cotidianidad y el universo masculino desde la mirada de una de las mejores escritoras argentinas.

Con No es un río la escritora cierra la trilogía sobre varones que comenzó en el 2012 con el Viento que arrasa y continuó al año con Ladrilleros. Si bien empezó a escribirla en 2013, la novela tuvo varios intervalos hasta su finalización en febrero.

En sus obras, la autora invita al lector a sumergirse en el universo de la cotidianidad del litoral argentino. Almada piensa al paisaje como un organismo vivo que dialoga con los personajes. Lo que más añora de Entre Ríos, su provincia natal, es el río. No es casual, que su tercera novela suceda en ese paisaje.

Foto: Google

Los días de cuarentena los pasa alejada de los ruidos y de la vertiginosidad que suponen las grandes ciudades como lo es la Ciudad de Buenos Aíres. La autora eligió un pueblo cercano a La Plata para transitar estos meses de aislamiento. Rodeada de árboles, animales y del suave cantar de los pájaros, admite que lo que se está viviendo es rarísimo y excepcional. No arriesga ninguna opinión sobre lo que va a pasar el día de mañana y cree que durante los primeros meses existió una suerte de ansiedad, por parte de pensadores e intelectuales, por querer teorizar y reflexionar acerca de lo que está sucediendo, pero que luego, con el paso de los meses, fue mermando. “Cuando empezó la cuarentena parece que estábamos obligados a usar el tiempo en cosas que no podíamos hacer en nuestras vidas normales como hacer cursos, yoga, hacer pan de masa madre (ríe) y eso después se fue evaporando con el paso de los meses y creo también que un poco esto de tener que pensar, encontrar la respuesta y encontrar reflexión a cómo será el futuro y si nos va a servir para algo esta experiencia o no”.

A través de sus relatos, la escritora indaga sobre el universo masculino desde diversas ópticas: la muerte, el amor gay, la violencia, la fe, la tragedia, los silencios, los mandatos y también las partes más sensibles que recubren al mundo varonil.

Teniendo en cuenta que estás cerrando una trilogía sobre varones: ¿qué es lo que más te impacta y te moviliza en la escritura sobre hombres y su masculinidad?

En realidad lo de la trilogía se fue armando con el tiempo porque cuando escribí la primera novela que es El Viento que Arrasa, no la pensé como parte de una trilogía. De hecho iba a ser un cuento que se fue complicando y expandiendo y se convirtió en una novela. Cuando escribí Ladrilleros ahí se empezó a formar una especie de serie. Yo había trabajado con estos personajes masculinos en El Viento que Arrasa, que son el pastor y el mecánico, que eran muy fuertes. En la segunda novela volvían a aparecer los personajes masculinos. Esta vez, eran dos adolescentes que son Pajarito Tamai y Marciano Miranda heredando todos esos rencores familiares. Es una novela que claramente habla de la masculinidad o de las relaciones que establecen los varones con otros varones. Más allá de la historia amorosa que hay en la novela. También aparecen las relaciones entre los padres y los hijos, entre los hermanos y entre los amigos. Después apareció la idea para esta tercera novela que también era un grupo de amigos donde había uno muerto, entonces otra vez aparecía el tema de los lazos entre los varones. A mí lo que me interesa de eso, en principio son muchas cosas, me resultaba un desafío escribir desde el punto de vista de un varón. Pensar ese mundo masculino, a partir de personajes masculinos, no como de repente a veces estamos más acostumbradas las escritoras que es a pensar a los personajes masculinos en relación a lo femenino o a la femineidad o a los lazos con las mujeres. Si no, tratar de pensar en los lazos con sus pares. Un montón de cosas que yo me pregunto y me sigo preguntando del mundo de los varones, entre ellas, es por qué se establecen ciertas alianzas que en general están signadas por la violencia. Por qué de repente un grupo de varones se puede juntar para violar o para matar. Son alianzas que a las mujeres no se nos ocurren. Entonces, es en toda esa parte de la psiquis o de la conformación de los varones que me interesa indagar. Y no sólo indagar en la parte más oscura y más violenta si no también en ver qué pasa cuando esos hombres tienen amigos o se enamoran o qué relación tienen con sus propios padres y con la figura masculina del padre. Por ejemplo en No es un río, el disparador o la pregunta que a mí se me aparecía es sobre una actividad típicamente masculina. Esto de irse a pescar en grupo: qué hacen los hombres cuando van a pescar, si hablan entre ellos, si no hablan y es solamente compartir esa actividad y ese silencio que también supone la pesca. O si es solamente la excusa para escaparse de sus casas y para divertirse un par de noches seguidas solos. Cosas que en realidad yo me preguntaba cuando mi propio padre se iba de pesca. A él le gusta y yo me acuerdo que siempre de chica él se iba a pescar con sus amigos, dos o tres días y a veces ni siquiera volvían con pescados (ríe). Entonces yo decía qué habrán hecho todo este tiempo. Eran cosas que a mí me daban curiosidad de ese universo que también era un poco el universo de él. Me preguntaba quién era mi padre cuando no era mi padre o cuando no estaba en mi casa y estaba con sus amigos.

Foto: Pablo José Rey

¿La irrupción del Ni Una Menos y el crecimiento del movimiento de mujeres en Argentina tuvo algún impacto en tu escritura a lo largo de estos años?

Mi gran impacto fue escribir Chicas Muertas. Todo lo que conllevó la escritura de ese libro. Primero la investigación. Fue un libro que me llevó varios años, ya que empecé a pensarlo en el 2008 y recién lo escribí en 2013 y lo publiqué en 2014. Ese sí fue un proceso largo y creo que sí tuvo en mí un impacto personal muy grande. Después cuando salió el libro y al año empezó el movimiento Ni una Menos y hubo una explosión en los feminismos en Argentina que también repercutieron en mi vida personal. El hecho de acompañar el libro y que de repente tuviese mucha visibilidad y circulación también arrastrado por el movimiento feminista y porque de repente las mujeres empezábamos a pensarnos como feministas y el feminismo dejaba de ser una mala palabra o una palabra pasada de moda. Empezábamos a darnos cuenta que no había una manera de ser feminista ni había un feminismo si no feminismos en plural. El hecho de que el Ni una Menos nos sacó a todas a la calle para pedir, primero que frenaran los femicidios y denunciar la violencia de género y después empezar a pedir por derechos fundamentales como el derecho al aborto, más allá de que ya se venía pidiendo desde hace muchos años a través del reclamo de la campaña nacional. Todo esto acompañó y le dio muchísima visibilidad al tema. Como mujer todo eso me interpelaba desde muy joven y por supuesto me interpeló muchísimo en estos últimos años y también hizo que me involucrara muchísimo más en estos asuntos, que militara, que saliera a la calle, que pudiera dar mi opinión.

Incluso Chicas Muertas es leído en escuelas, lo leen muchos adolescentes y eso también es interesante.

Totalmente, yo cuando escribí el libro no pensaba mucho a qué público le iba a interesar. Sí suponía que iba a tener muchas lectoras mujeres, pero nunca me había imaginado que era un libro que de repente podía empezar a leerse en el colegio, que lo pudieran empezar a leer adolescentes, así que esa fue una de las sorpresas más lindas que me dio el libro. Todo esto ocurrió, por supuesto, gracias a las docentes que empezaron a llevar el libro al aula para compartirlo con las y los estudiantes y poder hablar de estos temas a partir de un libro.

Foto: Google

Ya habituada a la Ciudad, la autora, que nació en Villa Elisa, Entre Ríos, añora el paisaje del río. “Eso lo extraño mucho porque más allá que en Buenos Aires está el Río de la Plata la verdad es que nunca voy. No está muy incorporado en la vida cotidiana ni en la ciudad” dice y afirma haberlo conocido de grande cuando se fue a vivir a Paraná. No obstante, aclara que le encanta vivir en Buenos Aires. “Creo que lo que más me gusta es el anonimato de la ciudad. Como que en las ciudades chicas o en el pueblo, vos siempre sos alguien, siempre sos fulana de tal, siempre sos la hija de tal, o la hermana de tal, o la que trabaja en tal lado”.

En No es un río aparece muy latente la muerte de un amigo de los personajes ¿desde el punto de vista literario como te gusta abordarla?

La muerte es uno de los grandes temas de la literatura. Yo creo que en las distintas historias lo he ido abordando de manera diferente y tiene que ver con mi evolución de lo que voy pensando, es decir, mi propio recorrido personal. Por ejemplo en esta novela, aparece en un momento la profundidad. Yo me di cuenta que hasta que escribí este pasaje siempre me figuraba yo a la muerte como la nada total o el horror. La idea de la muerte como algo que, aunque lo sabemos inevitable, no deja de ser espantoso. Y en un fragmento de esta novela, yo me encuentro con uno de los personajes preguntándose por el que se ahogó, cuando rescataron el cuerpo y cuando lo encontraron muchas horas después de que se había ahogado, dice que el cuerpo muerto tenía los ojos muy abiertos, y entonces dice, qué habrá visto, qué es lo que vio justo en el momento de morirse para tener los ojos así de abiertos, entonces dice, algo horroroso, y después se contesta, o tal vez algo demasiado hermoso. De repente apareció la posibilidad de pensar a la muerte también como algo hermoso. Es un misterio que también puede ser hermoso y no solamente el horror como yo lo había pensado hasta hace poco. Más allá de que la muerte es un tema bastante recurrente también creo que a lo largo de los relatos, el tiempo y demás, se pueden encontrar diferentes matices y diferentes visiones y reflexiones.

Pensando en el futuro ¿hay alguna temática que estés indagando o que te interese escribir?

Escribí un par de cuentos, uno para una revista y el otro para una antología, después de terminar la novela. Los dos cuentos tienen en común que son dos personas que están al cuidado de otras personas. En uno de los cuentos es un muchacho que cuida de su tía vieja, ya senil, que prácticamente se está muriendo y en el otro relato son dos hermanos que hacen un pacto, que si alguno de los dos se enferma, el otro lo va a matar y después se va a matar el. Como un pacto suicida. Un poco lo que se repite en los dos relatos es esta idea de tener que cuidar a otro. Pero no sé si es un tema en el que voy a seguir indagando. La verdad que ahora no tengo como mucha idea. Pero si me pasó en estos dos relatos que el tema o la idea iba un poco por ahí: el cuidado de los otros.

Es muy interesante. Cargar con la agonía el otro, con su enfermedad. Ya que mucho se habla del enfermo y poco de lo que genera su cuidado.

Sí. Yo tenía una idea de una novela que empecé a escribir algo, después la dejé. Pero ahora que lo pienso y me preguntas esto, también ya tenía que ver con eso, pero que es como la inversa, alguien que tiene que estar al cuidado de un enfermo que decide abandonarlo. Como que se resiste a esa idea de tener que cuidar a alguien y lo abandona, que es un poco el mismo tema pero el lado b, digamos. Así que se ve que eso es algo de lo que me vengo preguntando. Y si te pones a pensar, el deber cuidar al enfermo o al desvalido es un mandato. Entonces poder resistirse a ese mandato o romperlo también es un acto de valentía o de subversión. Porque además en general ese mandato nos está dado a las mujeres. Que tenemos que cuidar de los hijos, de los enfermos, de los viejos. Un poco dar vuelta eso, y romper con eso me parece que es interesante.

¿Cómo impactaron en vos los talleres del escritor Alberto Laiseca? Existía una idea de familia muy interesante…

Foto: Vale Fiorini

Sí… Con Lai tuvimos una amistad muy linda, muy entrañable hasta su muerte. Y sus talleres eran muy particulares porque él era muy particular. No era un taller que se pareciese a cualquier taller que alguien pudiese ir o incluso yo había hecho otros talleres y ninguno tenía que ver con el taller de Laiseca. Había una mística que la ponía él digamos. Esto de generar lazos entre sus talleristas, entre sus discípulos como nos llamaba. Lazos de amistad, de cariño, yo los amigos que hice en Buenos Aires los conocí en el taller de Lai. Y la verdad que para nosotros fue una pérdida terrible. Primero cuando dejó de dar talleres que fue un par de años antes de morir y después cuando finalmente murió. Fue como si nos hubiésemos quedado un poco huérfanos. Porque ahí había algo, era una especie de ritual, ir una vez a la semana a su casa, encontrarnos, charlar, él también te involucraba mucho en su vida. No había una distancia de maestro de taller y discípulo. De repente te pedía que vayas a la casa a comprarle algo. O te llamaba para preguntarte cuando tenía que ir al médico. Él te involucraba como si fueses su familia. La verdad fue muy importante en mi vida y en mi oficio

En cuanto a lo coyuntural ¿qué opinas acerca del cuidado del ambiente? En tus redes sociales sos activa en esta problemática que atravesamos. Incluso, Entre Ríos es la provincia con más contaminación del país.

Yo no tengo una mirada muy optimista. Estamos hace como dos o tres meses con incendios permanentes y todavía ni el gobierno nacional ni los gobiernos provinciales hicieron nada al respecto. Entonces hay como una connivencia entre el poder político y los dueños de las tierras donde todo parece librado a hago lo que quiero porque puedo, porque yo tengo el poder económico para hacerlo y ni siquiera el Estado puede decirme nada. Y bueno eso es terrible, lo mismo pasa con el caso de las fumigaciones donde además el Estado avala ese tipo de prácticas. Entonces Entre Ríos es uno de los lugares más contaminados del planeta no solo del país. Este año publiqué un libro en la provincia que se va a distribuir en las escuelas, lo hicimos con mi hermana y lo sacó la editorial de la provincia, que es la del Estado. Tuvo mucho apoyo del gobernador. Y al mismo tiempo digo, bueno así como los niños y niñes tienen derecho a la lectura y derecho al acceso de libros, también tienen derecho a la salud y a la vida, y a una vida sana. Entonces es un poco incongruente. Por un lado se apuesta al derecho a la cultura pero por el otro lado no se le ponen frenos a las fumigaciones que ocurren al lado de las escuelas y sobre campos donde viven familias enteras. Es bastante paradójico como un gobierno o el poder político puede apoyar una cosa y sin embargo hacerse la desentendida con otra que es tanto o más importante que ésta que está apoyando.

Suscribirse

Si deseas recibir más noticias, puedes suscribirte a nuestro Newsletter.

Please enable the javascript to submit this form

Tendencias

Publicidad

Suscribirse

Si deseas recibir más noticias, puedes suscribirte a nuestro Newsletter.

Please enable the javascript to submit this form

Copyright © 2021 V&E - Vida & Estilo Magazine - GTG

Síguenos en
Suscribirse

Si deseas recibir más noticias, puedes suscribirte a nuestro Newsletter.